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Manuel Paniagua publica un artículo sobre el valor añadido de las empresas de economía social

Manuel Panigua es profesor del Área de Derecho

16/01/2012.- El profesor Manuel Paniagua Zurera ha publicado el estudio titulado "Los empresarios de la economía social y su valor social añadido (del soft law comunitario a la precursora ley española de economía social)", en la Revista de Fomento Social, núm. 263, julio-septiembre 2011, pp. 359-399.


Para el autor la visibilidad y el reconocimiento de los empresarios de la economía social –y, de las empresas de su titularidad- no es una tarea fácil, ni está acabada. Lo relevante no es la forma jurídica adoptada (asociación, fundación o sociedad), sino los valores inspiradores y los principios que informan su actuación en los mercados (el espíritu de la economía social).


El estudio de Manuel Paniagua se enfrenta a esta extrañeza, e incluso ignorancia, hacia las empresas de economía social. El objetivo del profesor es que dentro del sector privado se distinga, como propicia el Derecho indicativo comunitario (el soft law) y nuestra pionera Ley de economía social (objetos de análisis), los empresarios capitalistas y los empresarios de la economía social. Los primeros (p. ej., las sociedades mercantiles de capital) se organizan atendiendo al protagonismo del capital aportado (el socio que más capital aporta decide y gana más, una estructura plutocrática).


Los empresarios de la economía social (p. ej., las sociedades cooperativas y las laborales o las asociaciones de fines generales y las fundaciones titulares de empresas) surgen, como alternativa, del cumplimiento efectivo de unos valores y principios –los de la economía social- que parten de la primacía de la persona sobre el capital aportado (p. ej., el carácter democrático, la ausencia o limitación de finalidad lucrativa y la persecución de fines sociales y de interés general).


A la identificación y caracterización jurídica (y, también, social y económica) de estos últimos empresarios, el autor quiere unir la defensa de un sector económico (el de la economía social) que genere, si resulta acompañado por una eficaz actividad de promoción pública, un poder compensador en los mercados. Un poder fáctico –de competencia y colaboración económica, y de presión y negociación social- que avance en el irrenunciable objetivo público de someter a control (social, en este caso) a los poderes económicos hegemónicos carentes de contrapesos efectivos (el espíritu capitalista, en nuestros días). Este poder fáctico, como se recapitula en el Epílogo, alienta y orienta, socialmente, el pluralismo empresarial, la eficacia económica y social de la competencia económica y el concepto mismo de empresa y de empresario, en nuestro Estado social y en el modelo social europeo.
 

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